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396 p. ; 22 x 15 cm.
ISBN 978-987-48555-3-4

Prólogo de

Daniel Sendrós

Culmina en estas páginas el notable trabajo de Agustín Neifert, que humildemente tituló Periodismo y periodistas en el cine argentino. Decimos humildemente porque este trabajo abarca mucho más que lo enunciado. Meticuloso y memorioso como es, apasionado lector y apasionado comunicador, claro y preciso en cada uno de sus libros, cada uno de contenido interesante y necesario, Neifert no se limita a hablar del tema específico sino que lo contextualiza, lo enriquece con el detalle de los hechos políticos y culturales de cada momento, y así reaviva la memoria del lector, o se los da a conocer si los ignoraba.

Circundado por esos hechos, testigo y muchas veces partícipe y vocero de los mismos, ahí está el periodismo, ahí aparecen los periodistas. Y dentro de la profesión, ahí estamos los cronistas de cine y los que a más de cronistas han sido autores de cuentos y novelas llevados al cine, e incluso guionistas, o han hecho personajes, como también está la visión que los cineastas han mostrado de los periodistas en diversas ocasiones.

Trabajo enorme de ficheros, claridad expositiva, evidente y real conocimiento y generosas ganas de compartirlo, eso es, en síntesis, lo que se advierte en cada página de los tres tomos que componen esta obra. Pero hay un detalle: la lectura del tercer tomo puede doler. Como buen periodista, Neifert es imparcial. Y el período que aquí expone, que bien define como el de los “años de plomo”, todavía nos duele, y todavía está contagiado por mitos y falsedades que él desarma con tranquila valentía, apoyado en abundante información y en su propia experiencia de vida. Duele, pero es muy cierto y necesario.

Hay otro aspecto, que nos corresponde personalmente, y es que más de una vez determinada mención de libros, sucesos, películas y personas nos despiertan cálidos recuerdos de otros tiempos. Particularmente directores con quienes tuvimos un trato muy agradable y enriquecedor, como Mario Sabato, Pino Solanas, René Mugica y David Blaustein, pero sobre todo colegas con quienes hemos compartido tardes o noches viendo películas, y después no sólo películas.

Entre esos colegas, el gordo Aníbal Vinelli con su sonrisa bonachona, que tenía una habitación llena de libros de cine y otra llena de videos, todo lo cual fue donado por su esposa Rosalía, también periodista, al Museo del Cine; García Oliveri, gruñón y conocedor; Leo Sala, con sus críticas humorísticas y su peligrosa afición a la ruleta; Hugo Suvcoplas, la bondad y la paciencia personificadas; Guillermo Álamo, exigente organizador de homenajes a las viejas figuras de nuestro cine, que murió de cáncer en la soledad del Año de la Peste y nadie todavía ha organizado un homenaje en su memoria; Carlos Landini, que soñaba con la paz universal y tenía una impresionante colección de estampillas con temas de cine; Gogo Safigueroa, el de voz ronca que cayó junto a la máquina de escribir.

Oigo su tintineo y las voces de todos en el recuerdo. Nadie imaginaba entonces que éramos la anteúltima generación de críticos de cine a la vieja usanza, aquellos del diario impreso y la gentil bohemia. Gente del siglo pasado, a mucha honra.

Indice de contenidos

Este proyecto se realizó gracias al programa de Participación Cultural
Mecenazgo de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires

El 14 de mayo de 2026 el Concejo Deliberante de la ciudad de Bahía Blanca
declaró de «Interés Municipal» el libro «Periodismo y periodistas en el cine argentino»
(Expte. 363-HCD- 2026).

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